A la hora de comer
¿Buen provecho?
¿Te has
observado cuando estás comiendo?
Si
no lo has hecho, te invito a hacerlo. La disposición en la que te encuentres
tiene un efecto, para bien o para mal, para favorecer o no tu estado
psicofísico, en este momento, a lo largo del día y de la vida.
Lo
que había escrito anteriormente sobre el equilibrio psicofísico también aplica
en este caso y en todo lo que hagamos en la vida.
Cuando
estés comiendo, puedes observar la organización de tu columna vertebral, de tu
cuello y de tu cabeza; si tu tronco está apoyado en los isquiones; dónde están
tus pies, cómo es tu relación con el espacio que te rodea. La relación del control
primario (cuello-cabeza-espalda) determina el funcionamiento de la persona
íntegra, si ésta no es óptima genera exceso de tensión en la columna vertebral
y en los músculos del cuello y de la espalda, provocando dolores. También
comprime el sistema nervioso y el espacio del tronco, lo que restringe el
movimiento de los órganos internos y, en el tema que nos ocupa, comer, también
puede afectar la digestión y generar malestares o problemas de salud.
El
hambre responde a una necesidad fisiológica, pero junto con la comida son un
gran estímulo. Lo que comemos, cómo y dónde lo hacemos, son hábitos.
Es valioso observar ambos. También puedes observar a otras personas, sin
juzgarlas, simplemente, en ocasiones, ayuda a ver lo que no puedes notar en ti.
Lo que se siente normal, nos parece correcto, aunque no lo sea. Observarte a ti
y a otras personas es interesante.
El
deseo de llegar al fin (obtener el resultado) también está presente al
comer: necesitamos saciar el hambre y no pensamos en los medios por los
cuales lo conseguimos, aunque, en ocasiones, genere desequilibrio
psicofísico. Podemos engullir los alimentos rápidamente, casi sin masticarlos
y/o comer cualquier cosa, sólo con el fin de saciar el hambre. Tampoco ponemos
atención a nuestra “postura” y actitud ante la comida, al llevar la cara hacia
el plato y hacer un sobreesfuerzo, perdemos el porte, parece que la comida nos
controla, domina la parte instintiva y, a mí me hace sentir que, en algunas
personas, parece que pierden hasta su dignidad.
Sin
embargo, al comer, podemos intentar hacer una pausa (inhibición); poner
atención a la forma en que estamos sentados y a nuestra relación con el
espacio. Estas dos acciones nos permiten hacer elecciones más conscientes sobre
lo que queremos comer, puedes elegir comer lo de siempre o explorar nuevas
posibilidades. Después de esto, podemos tratar de seguir presentes, atentos a
nosotros mismos, a los sabores y las texturas de los alimentos, a la sensación
de saciedad, a las personas con las que estamos, al entorno y, así, tener una
experiencia más plena, no sólo comer, si no, nutrirnos psicofísicamente.
Ahora
sí: ¡¡Buen provecho!!