Lunes, 14 de Junio del 2021

A la hora de comer


¿Buen provecho?

¿Te has observado cuando estás comiendo?

Si no lo has hecho, te invito a hacerlo. La disposición en la que te encuentres tiene un efecto, para bien o para mal, para favorecer o no tu estado psicofísico, en este momento, a lo largo del día y de la vida.

Lo que había escrito anteriormente sobre el equilibrio psicofísico también aplica en este caso y en todo lo que hagamos en la vida.

Cuando estés comiendo, puedes observar la organización de tu columna vertebral, de tu cuello y de tu cabeza; si tu tronco está apoyado en los isquiones; dónde están tus pies, cómo es tu relación con el espacio que te rodea. La relación del control primario (cuello-cabeza-espalda) determina el funcionamiento de la persona íntegra, si ésta no es óptima genera exceso de tensión en la columna vertebral y en los músculos del cuello y de la espalda, provocando dolores. También comprime el sistema nervioso y el espacio del tronco, lo que restringe el movimiento de los órganos internos y, en el tema que nos ocupa, comer, también puede afectar la digestión y generar malestares o problemas de salud.

El hambre responde a una necesidad fisiológica, pero junto con la comida son un gran estímulo. Lo que comemos, cómo y dónde lo hacemos, son hábitos. Es valioso observar ambos. También puedes observar a otras personas, sin juzgarlas, simplemente, en ocasiones, ayuda a ver lo que no puedes notar en ti. Lo que se siente normal, nos parece correcto, aunque no lo sea. Observarte a ti y a otras personas es interesante.

El deseo de llegar al fin (obtener el resultado) también está presente al comer: necesitamos saciar el hambre y no pensamos en los medios por los cuales lo conseguimos, aunque, en ocasiones, genere desequilibrio psicofísico. Podemos engullir los alimentos rápidamente, casi sin masticarlos y/o comer cualquier cosa, sólo con el fin de saciar el hambre. Tampoco ponemos atención a nuestra “postura” y actitud ante la comida, al llevar la cara hacia el plato y hacer un sobreesfuerzo, perdemos el porte, parece que la comida nos controla, domina la parte instintiva y, a mí me hace sentir que, en algunas personas, parece que pierden hasta su dignidad.

Sin embargo, al comer, podemos intentar hacer una pausa (inhibición); poner atención a la forma en que estamos sentados y a nuestra relación con el espacio. Estas dos acciones nos permiten hacer elecciones más conscientes sobre lo que queremos comer, puedes elegir comer lo de siempre o explorar nuevas posibilidades. Después de esto, podemos tratar de seguir presentes, atentos a nosotros mismos, a los sabores y las texturas de los alimentos, a la sensación de saciedad, a las personas con las que estamos, al entorno y, así, tener una experiencia más plena, no sólo comer, si no, nutrirnos psicofísicamente.

Ahora sí: ¡¡Buen provecho!!