Lunes, 21 de Junio del 2021

¿Dolor de cabeza, cuello y espalda?

Frederick Matthias Alexander descubrió que la relación entre el cuello, la cabeza y la espalda determina el uso y el funcionamiento mental, emocional y físico de la persona completa, por eso llamó a esta relación “control primario”.  En los niños hasta, aproximadamente, los 4 años podemos observar que la cabeza se sostiene fácil y libremente, con gracia, libertad y ligereza de movimiento, sin embargo, por imitación, por mal diseño de los muebles y, sobre todo, por exceso de tensión mental, física y emocional se va perdiendo este equilibrio natural, sano y eficiente. Esta pérdida del uso natural del control primario provoca que los músculos estén en un estado de exceso de tensión, lo cual, a su vez, comprime a la columna y, por ende, al sistema nervioso, es decir, la información que va del cerebro al resto del cuerpo y viceversa. Además, el exceso de tensión en el cuello restringe la circulación y la oxigenación del cerebro. Todo esto puede provocar dolores de cabeza, de cuello y de espalda, salvo que tengas otra condición médica o hayas sufrido algún accidente.

Como he escrito anteriormente, en cuanto al aspecto estructural, si tienes mala postura tu cabeza está desplazada hacia delante, la carga sobre la columna vertebral se va aumentando en relación a ese desplazamiento haciendo que los músculos del cuello, los hombros y la espalda tengan que hacer un trabajo excesivo, generando un desequilibrio en el sistema músculo-esquelético lo cual provoca diversos dolores y padecimientos.

Por otra parte, puede ser que percibas que las presiones de trabajo y las demandas familiares y sociales son muy altas y que esto te haga sentir estresado. Esto también provoca exceso de tensión muscular y desequilibrio en el control primario.

A través del principio de inhibición que en la Técnica Alexander significa detener la respuesta automática ante cualquier estímulo para brindarse a sí mismo la capacidad de elegir desde si se quiere o no responder a ese estímulo y, en ambos casos, cómo se quiere hacer. Practicar la inhibición sólo requiere hacer una pausa ante el estímulo, pensar en detener la respuesta habitual, crear un espacio para escoger como se quiere responder. Con ello podemos valorar la situación, establecer prioridades para organizarnos, lo cual nos dará mayor claridad mental y eficiencia y nos ayudará a ir liberando la sensación de estrés. Sé que hay situaciones que no podemos cambiar, pero si podemos modificar la forma en que respondemos a ellas para nuestro bienestar psicofísico.

La posición semi-supina, reposo activo, consciente y constructivo ayuda a liberar el exceso de tensión física, mental y emocional. Esto se hace acostado en el piso con la cabeza sobre en un libro de pasta suave; al estar completamente sostenidos por el suelo n los músculos se liberan del exceso de tensión, lo que, a su vez, permite a la columna recuperar el alargamiento, quitando la compresión a los discos y al sistema nervioso y permite mayor irrigación sanguínea y oxigenación al cerebro. Todo esto genera una sensación de ligereza, claridad mental y mayor serenidad. La práctica regular de este procedimiento ayuda a restablecer y a aprender a mantener el equilibrio psicofísico en la vida cotidiana.

Así que con inhibición y con el reposo activo podemos encontrar una alternativa sana, sin efectos dañinos y, lo más importante, de largo plazo para solucionar algunos malestares, cansancio y dolores crónicos para acercarnos a una mayor sensación de plenitud.