¡Gracias a la vida por haberme puesto en el camino de la Técnica Alexander!
Desde
mi adolescencia temprana, en la secundaria, (13 años) tuve dolores de espalda,
del cuello y en lo glúteos, a los que los médicos, osteópatas, acupunturistas
con los que mis padres me llevaron no encontraron la razón y, tampoco la
solución definitiva o, por lo menos, a un plazo considerable.
“Por
otra parte”, ya en la preparatoria, me pasaba algo “curioso”, antes de los
exámenes de matemáticas, ¡se me descarapelaban las manos!
Los
dolores regresaron más fuertes como a los 18 años, fueron creciendo y limitaban
mi vida: lo más evidente fue que dejé de estudiar piano, pero también me
impedían realizar con facilidad actividades de la vida cotidiana, tan simples
como cepillarme el cabello.
Afortunadamente,
en ese momento conocí la Técnica Alexander, por circunstancias curiosas me fui
a vivir a Londres, empecé a tomar clases particulares, los dolores fueron
desapareciendo y, hasta entonces, me di cuenta de que mis problemas “físicos” y
los “mentales” eran lo mismo, el origen era un desequilibrio de mí completa.
Después de un año decidí hacer la Formación para ser profesora de la
Técnica. Fue una experiencia maravillosa: seguir desarrollando la libertad y
facilidad de movimiento y, lo mejor, darme la oportunidad de conocer y trabajar
en mis patrones mentales y emocionales, es decir, en mi equilibrio
psicofísico. Al final de este tiempo fabuloso de desarrollo personal obtuve
una carrera cada vez más gratificante, para mí es una motivación de vida
fundamental contribuir al bienestar de otras personas y de mi entorno,
enseñando la Técnica Alexander lo hago. Además, cada vez que he vivido
situaciones complejas y/o muy dolorosas esta práctica es la que me ha mantenido
sana física y, sobre todo, mental y emocionalmente, para mí es Una
habilidad para la vida (como se llama uno de los libros de Pedro de
Alcantara). Es un camino fascinante de seguir aprendiendo, trabajando en mí
misma y de ayudar a otras personas.
Aprender
y practicar esta forma de hacer y pensar, desde mi experiencia, enriquece la
vida propia y la de las personas alrededor de uno en todos los ámbitos: en lo
personal, en lo más cotidiano, en lo profesional y en el entorno.
¡Hacer
la formación para ser profesor(a) de la Técnica Alexander es un gran regalo que
uno se da! Hay personas
que la empiezan como una manera de adentrarse más en ella y al ver la
transformación tan poderosa continúan con ese camino, otras no, pero lo andado
no se deshace.