Lunes, 28 de Junio del 2021

¡Gracias a la vida por haberme puesto en el camino de la Técnica Alexander!

Desde mi adolescencia temprana, en la secundaria, (13 años) tuve dolores de espalda, del cuello y en lo glúteos, a los que los médicos, osteópatas, acupunturistas con los que mis padres me llevaron no encontraron la razón y, tampoco la solución definitiva o, por lo menos, a un plazo considerable.

“Por otra parte”, ya en la preparatoria, me pasaba algo “curioso”, antes de los exámenes de matemáticas, ¡se me descarapelaban las manos!

Los dolores regresaron más fuertes como a los 18 años, fueron creciendo y limitaban mi vida: lo más evidente fue que dejé de estudiar piano, pero también me impedían realizar con facilidad actividades de la vida cotidiana, tan simples como cepillarme el cabello.

Afortunadamente, en ese momento conocí la Técnica Alexander, por circunstancias curiosas me fui a vivir a Londres, empecé a tomar clases particulares, los dolores fueron desapareciendo y, hasta entonces, me di cuenta de que mis problemas “físicos” y los “mentales” eran lo mismo, el origen era un desequilibrio de mí completa. Después de un año decidí hacer la Formación para ser profesora de la Técnica. Fue una experiencia maravillosa: seguir desarrollando la libertad y facilidad de movimiento y, lo mejor, darme la oportunidad de conocer y trabajar en mis patrones mentales y emocionales, es decir, en mi equilibrio psicofísico. Al final de este tiempo fabuloso de desarrollo personal obtuve una carrera cada vez más gratificante, para mí es una motivación de vida fundamental contribuir al bienestar de otras personas y de mi entorno, enseñando la Técnica Alexander lo hago. Además, cada vez que he vivido situaciones complejas y/o muy dolorosas esta práctica es la que me ha mantenido sana física y, sobre todo, mental y emocionalmente, para mí es Una habilidad para la vida (como se llama uno de los libros de Pedro de Alcantara). Es un camino fascinante de seguir aprendiendo, trabajando en mí misma y de ayudar a otras personas.

Aprender y practicar esta forma de hacer y pensar, desde mi experiencia, enriquece la vida propia y la de las personas alrededor de uno en todos los ámbitos: en lo personal, en lo más cotidiano, en lo profesional y en el entorno.

¡Hacer la formación para ser profesor(a) de la Técnica Alexander es un gran regalo que uno se da! Hay personas que la empiezan como una manera de adentrarse más en ella y al ver la transformación tan poderosa continúan con ese camino, otras no, pero lo andado no se deshace.