Martes, 3 de Agosto del 2021

Inhibición ¡Regálate espacio para elegir!

La inhibición consciente es uno de los principios fundamentales de la Técnica Alexander y el que la distingue de otros sistemas educativos o terapéuticos.

El deseo de llegar al fin, generalmente, nos hace reaccionar de manera inconsciente y automática, lo cual provoca mal uso; el mal uso genera un mal funcionamiento de la persona (exceso de tensión psicofísica, involucrar aspectos que no son necesarios, respuestas limitadas). Para prevenir esta situación, desde la perspectiva de la Técnica Alexander, lo importante no es lo que haces, si no, lo que dejas de hacer. Necesitamos ser capaces de detener la rección habitual y automática a los estímulos, tanto externos, como internos.

Este es lo que Alexander llamó inhibición. En el vocabulario alexandriano tiene una acepción distinta que en psicoanálisis o psicología, aquí no significa reprimir o suprimir las emociones, si no, detener la reacción automática y postergar el deseo de llegar al fin. Esto nos permite dejar de estar predeterminados por nuestras respuestas automáticas habituales y nos habilita para recuperar nuestra capacidad de elección. La manera en la que se responde a los estímulos predetermina la forma en que el ser humano se relaciona con el entorno, con otras personas y consigo mismo.

La inhibición es, sencillamente, hacer una pausa, darte un espacio ante cualquier estímulo; con ello puedes retomar tu capacidad de elección y ampliar las posibilidades de respuesta ante casi cualquier situación, puedes ordenarte de manera distinta, escoger si respondes o no y qué haces en cualquiera de los dos casos.

Podemos empezar a practicarla en situaciones sencillas de la vida cotidiana, por ejemplo, si tienes que lavar los platos, pero no quieres, puedes hacer una pausa para preguntarte por qué es eso, si hay algo que también requiera tu atención y decidir conscientemente qué es más importante en este momento. Si escoges seguir con la tarea de lavar los platos, nuevamente puedes detenerte para reafirmar que lo haces por que te genera algún bienestar el orden; además, también puedes pensar que es una oportunidad de observarte a ti misma(o): poner atención a mantener el cuello y los hombros libres, al contacto de la planta de los pies con el piso, a la respiración, al espacio y los sonidos que te rodean, al contacto del agua con tus manos, etc. Así, una actividad que probablemente no te encante, se puede volver más interesante e, incluso, más creativa, podrías experimentar un orden distinto de hacerlo, utilizar la mano que no es la dominante, tratar de lavarlos más rápido, pero sin perder tu centro equilibrado…

En situaciones mentales y/o emocionales también es muy valioso practicar la inhibición. De la misma manera, puedes empezar con situaciones sencillas: algo que te moleste un poco, que no sea sumamente importante o conflictivo. En estos casos, trata de observar tu reacción automática cuando está a punto de suceder, en ese momento, intenta hacer una pausa y, evidentemente, escoger si tu respuesta habitual sigue siendo la que quieres, si sigue siendo válida para ti en este momento, muchas veces son respuestas que nos han inculcado o que simplemente copiamos, por eso, es inestimable hacer esa pausa y ¡elegir!

Una vez un señor en el Metro, no sé por qué, de repente, me gritó: “¡Estorbo!”. Me sorprendió, no sabía que había hecho para provocar en él esa actitud; hice una pausa, pensé que yo estaba tranquila, contenta yendo a mi trabajo y que no sabía que le estaba pasando al señor. Después de darme ese espacio (se vuelve muy rápido con la práctica), volteé hacia él, sonriendo le contesté: “Que tenga usted un buen día”. Elegí la respuesta que era más sana para mí, después me pregunté qué efecto pudo haber tenido mi respuesta en el señor…

También lo he puesto en práctica en contextos mentales y emocionales más complicados, en situaciones laborales y/o de interacción con otras personas que pueden tener un fuerte contenido emocional. En éstas, seguimos los mismos pasos, sé que será más difícil el proceso, por lo que es bueno estar conscientes de ello, ser pacientes con nosotros mismos y seguir intentando. Date un momento, respira, piensa que tienes tiempo para responder; no se trata de suprimir tus sentimientos, al contrario, es tratar de estar presente de una manera amable y honesta conmigo misma(o), con mis emociones, con lo que está pasando en mí y con la situación. Tal vez, encuentres una respuesta más creativa y más conectada contigo e, incluso, con la otra persona. Si decides que tu respuesta debe ser enérgica, fuerte o, hasta de enojo, está bien, de todos modos, será más conectada, habrá mayor relación entre el estímulo y tu respuesta y, de ese modo, puede ser que la firmeza y la sinceridad de la respuesta, hagan que el mensaje sea más claro y la comunicación más eficiente.

¡Regálate espacio para conectar contigo!