Inhibición ¡Regálate espacio para elegir!
La
inhibición consciente es uno de los principios fundamentales de la
Técnica Alexander y el que la distingue de otros sistemas educativos o
terapéuticos.
El
deseo de llegar al fin, generalmente, nos hace reaccionar de manera
inconsciente y automática, lo cual provoca mal uso; el mal uso genera un mal
funcionamiento de la persona (exceso de tensión psicofísica, involucrar
aspectos que no son necesarios, respuestas limitadas). Para prevenir esta
situación, desde la perspectiva de la Técnica Alexander, lo importante no es lo
que haces, si no, lo que dejas de hacer. Necesitamos ser capaces de detener la
rección habitual y automática a los estímulos, tanto externos, como internos.
Este
es lo que Alexander llamó inhibición. En el vocabulario alexandriano tiene
una acepción distinta que en psicoanálisis o psicología, aquí no significa
reprimir o suprimir las emociones, si no, detener la reacción automática y
postergar el deseo de llegar al fin. Esto nos permite dejar de estar
predeterminados por nuestras respuestas automáticas habituales y nos habilita
para recuperar nuestra capacidad de elección. La manera en la que se
responde a los estímulos predetermina la forma en que el ser humano se
relaciona con el entorno, con otras personas y consigo mismo.
La
inhibición es, sencillamente, hacer una pausa, darte un espacio ante cualquier
estímulo; con ello puedes retomar tu capacidad de elección y ampliar las
posibilidades de respuesta ante casi cualquier situación, puedes ordenarte de
manera distinta, escoger si respondes o no y qué haces en cualquiera de los dos
casos.
Podemos
empezar a practicarla en situaciones sencillas de la vida cotidiana, por
ejemplo, si tienes que lavar los platos, pero no quieres, puedes hacer una
pausa para preguntarte por qué es eso, si hay algo que también requiera tu
atención y decidir conscientemente qué es más importante en este momento. Si escoges
seguir con la tarea de lavar los platos, nuevamente puedes detenerte para
reafirmar que lo haces por que te genera algún bienestar el orden; además,
también puedes pensar que es una oportunidad de observarte a ti misma(o): poner
atención a mantener el cuello y los hombros libres, al contacto de la planta de
los pies con el piso, a la respiración, al espacio y los sonidos que te rodean,
al contacto del agua con tus manos, etc. Así, una actividad que probablemente
no te encante, se puede volver más interesante e, incluso, más creativa,
podrías experimentar un orden distinto de hacerlo, utilizar la mano que no es
la dominante, tratar de lavarlos más rápido, pero sin perder tu centro
equilibrado…
En
situaciones mentales y/o emocionales también es muy valioso practicar la inhibición.
De la misma manera, puedes empezar con situaciones sencillas: algo que te
moleste un poco, que no sea sumamente importante o conflictivo. En estos casos,
trata de observar tu reacción automática cuando está a punto de suceder, en ese
momento, intenta hacer una pausa y, evidentemente, escoger si tu
respuesta habitual sigue siendo la que quieres, si sigue siendo válida para ti
en este momento, muchas veces son respuestas que nos han inculcado o que
simplemente copiamos, por eso, es inestimable hacer esa pausa y ¡elegir!
Una
vez un señor en el Metro, no sé por qué, de repente, me gritó: “¡Estorbo!”. Me
sorprendió, no sabía que había hecho para provocar en él esa actitud; hice una
pausa, pensé que yo estaba tranquila, contenta yendo a mi trabajo y que no
sabía que le estaba pasando al señor. Después de darme ese espacio (se vuelve
muy rápido con la práctica), volteé hacia él, sonriendo le contesté: “Que tenga
usted un buen día”. Elegí la respuesta que era más sana para mí, después
me pregunté qué efecto pudo haber tenido mi respuesta en el señor…
También
lo he puesto en práctica en contextos mentales y emocionales más complicados, en
situaciones laborales y/o de interacción con otras personas que pueden tener un
fuerte contenido emocional. En éstas, seguimos los mismos pasos, sé que será
más difícil el proceso, por lo que es bueno estar conscientes de ello, ser
pacientes con nosotros mismos y seguir intentando. Date un momento, respira,
piensa que tienes tiempo para responder; no se trata de suprimir tus
sentimientos, al contrario, es tratar de estar presente de una manera amable y
honesta conmigo misma(o), con mis emociones, con lo que está pasando en mí y
con la situación. Tal vez, encuentres una respuesta más creativa y más
conectada contigo e, incluso, con la otra persona. Si decides que tu respuesta
debe ser enérgica, fuerte o, hasta de enojo, está bien, de todos modos, será
más conectada, habrá mayor relación entre el estímulo y tu respuesta y, de ese
modo, puede ser que la firmeza y la sinceridad de la respuesta, hagan que el
mensaje sea más claro y la comunicación más eficiente.
¡Regálate
espacio para conectar contigo!