Lunes, 23 de Agosto del 2021

¿Necesitas hacer esto?

¿Te has fijado o preguntado si al realizar cualquier actividad, por sencilla que sea, utilizas partes que no son necesarias o más fuerza de la que se precisa? Te invito a hacerlo.

Es muy común que al mover los brazos se inicie el movimiento en los hombros y éstos se aprieten, algo similar pasa con las piernas y la pelvis. No necesitas hacerlo. Conviene tener presentes 2 puntos: 1. Los hombros y la pelvis pertenecen al tronco, las articulaciones unen a las extremidades con el tronco y, a la vez, desde luego, permiten el movimiento. 2. El movimiento inicia en las extremidades, ya sea en las manos o en los codos, o bien en los pies o las rodillas. Claro que, en ambos casos, ya sea los hombros y/o la pelvis participan de las acciones, pero (salvo en muy pocos casos) no las inician y, desde luego, no se necesita ni subir ni tensar los hombros, ni apretar los glúteos y las ingles.

Puedes observarte frente a un espejo levantando las manos, sólo por ver qué pasa o cuando vayas a hacer algo como peinarte o lavarte los dientes; fíjate si aprietas los hombros, si llevas la cabeza al cepillo (en vez del cepillo a la cabeza) o si te balanceas hacia atrás, arqueando y comprimiendo la columna. Quizá no percibas nada al principio porque es tu hábito, hazlo durante varios días. Posteriormente, piensa que estamos conectados completamente: las manos y los brazos están sostenidos por el tronco, éste, a su vez por las piernas, es fácil pensarlo en cuanto a la estructura ósea, pero también los músculos se van entretejiendo, conformando una maravillosa estructura resistente y elástica al mismo tiempo para que el movimiento sea más sano, ligero y eficiente.

Con estas ideas en mente, cuando vayas a realizar alguna actividad sencilla, date un momento para pensar y/o imaginar el la relación de ti completa(o), el apoyo de todo el sistema musculoesquelético que sostiene tus brazos, gracias al cual, el trabajo está distribuido, por lo que no necesitas hacer un sobreesfuerzo en ninguna parte del cuerpo, en este caso de peinarte, ni en los hombros ni en el cuello. Como es una actividad sencilla, puedes practicar la conexión contigo, con tu respiración, el contacto de la planta de los pies con el piso que te sostiene y con el entorno, es decir, el espacio a tu alrededor y los sonidos.

Todo esto nos ayuda a encontrar la forma en que haya mayor concordancia entre el estímulo, la intención al responder y la forma de hacerlo. Algo que me gusta mucho de incorporar a la Técnica Alexander a la vida, es esta actitud inquisitiva de preguntarme y valorar constantemente si la forma en que hago las cosas es la más sana y/o la más eficiente o, simplemente, si es lo que necesito en este momento.