¿Necesitas hacer esto?
¿Te
has fijado o preguntado si al realizar cualquier actividad, por sencilla que
sea, utilizas partes que no son necesarias o más fuerza de la que se precisa?
Te invito a hacerlo.
Es
muy común que al mover los brazos se inicie el movimiento en los hombros y
éstos se aprieten, algo similar pasa con las piernas y la pelvis. No
necesitas hacerlo. Conviene tener presentes 2 puntos: 1. Los hombros y la
pelvis pertenecen al tronco, las articulaciones unen a las extremidades con el
tronco y, a la vez, desde luego, permiten el movimiento. 2. El movimiento
inicia en las extremidades, ya sea en las manos o en los codos, o bien en los
pies o las rodillas. Claro que, en ambos casos, ya sea los hombros y/o la
pelvis participan de las acciones, pero (salvo en muy pocos casos) no las
inician y, desde luego, no se necesita ni subir ni tensar los hombros, ni
apretar los glúteos y las ingles.
Puedes
observarte frente a un espejo levantando las manos, sólo por ver qué pasa o
cuando vayas a hacer algo como peinarte o lavarte los dientes; fíjate si
aprietas los hombros, si llevas la cabeza al cepillo (en vez del cepillo a la
cabeza) o si te balanceas hacia atrás, arqueando y comprimiendo la columna. Quizá
no percibas nada al principio porque es tu hábito, hazlo durante varios
días. Posteriormente, piensa que estamos conectados completamente: las manos y
los brazos están sostenidos por el tronco, éste, a su vez por las piernas, es
fácil pensarlo en cuanto a la estructura ósea, pero también los músculos se van
entretejiendo, conformando una maravillosa estructura resistente y elástica al
mismo tiempo para que el movimiento sea más sano, ligero y eficiente.
Con
estas ideas en mente, cuando vayas a realizar alguna actividad sencilla, date
un momento para pensar y/o imaginar el la relación de ti completa(o), el apoyo
de todo el sistema musculoesquelético que sostiene tus brazos, gracias al cual,
el trabajo está distribuido, por lo que no necesitas hacer un
sobreesfuerzo en ninguna parte del cuerpo, en este caso de peinarte, ni en los
hombros ni en el cuello. Como es una actividad sencilla, puedes practicar la conexión
contigo, con tu respiración, el contacto de la planta de los pies con el piso
que te sostiene y con el entorno, es decir, el espacio a tu alrededor y los
sonidos.
Todo
esto nos ayuda a encontrar la forma en que haya mayor concordancia entre el
estímulo, la intención al responder y la forma de hacerlo. Algo que me
gusta mucho de incorporar a la Técnica Alexander a la vida, es esta actitud
inquisitiva de preguntarme y valorar constantemente si la forma en que hago
las cosas es la más sana y/o la más eficiente o, simplemente, si es lo que
necesito en este momento.