Lunes, 9 de Agosto del 2021

Técnica Alexander y la Música

A Nelly Ben-Or, mi primera maestra, mi principal guía en el trabajo con músicos y artistas escénicos, quien sigue siendo una gran inspiración como ejemplo de vida y como profesora de la Técnica Alexander.

Estudié música algunos años, dejé de hacerlo, primero por problemas de exceso de tensión; la retomé un tiempo hasta que conocí la Técnica Alexander y decidí que ese era mi camino, además, soy más útil a la música como profesora de esta técnica que como músico. Sin embargo, mi amor por la música sigue presente y, por esto, agradezco a la vida que durante toda mi vida profesional he trabajado muchísimo con músicos y otros artistas escénicos. Este artículo está escrito refiriéndome a los músicos por facilidad en la escritura y en la lectura, pero, con algunas modificaciones, aplica casi de la misma forma para todas las artes.

El primer encuentro con la Técnica Alexander lleva a los músicos a experimentar una revelación inesperada en la sensación de facilidad al tocar o cantar, de la cual no se había tenido experiencia previamente. El aprendizaje y práctica de los principios de esta técnica, al inicio, sobre todo, la reorganización de la relación cuello-cabeza-espalda (control primario), puede producir un cambio en el patrón de respuesta habitual del alumno, eliminando así una cantidad considerable de esfuerzo y tensión innecesarios. Obviamente, ello mejora la coordinación y las habilidades de ejecución del músico. Muchos de los síntomas de incomodidad física que se padecen al practicar se reducen considerablemente y con lecciones constantes pueden desaparecer por completo. Estos son los beneficios más reconocidos que los músicos obtienen de las lecciones de técnica Alexander.

Desafortunadamente, el alivio físico se considera a menudo como el principal beneficio que el ejecutante obtiene de la Técnica Alexander. Al mismo tiempo, el hecho de que detrás de dicho alivio hay un proceso mental consciente se ignora o si acaso, apenas se reconoce vagamente. Cuando así sucede, la concepción de la técnica permanece limitada a la idea de que se produce un mejoramiento en la postura física, siendo esta la razón por la cual la Técnica Alexander se ha vuelto tan popular.

El aplicar los principios de la Técnica Alexander propicia un entendimiento de la naturaleza de la acción; de las partes específicas del cuerpo necesarias para llevarla a cabo, de la intensidad adecuada y de la manera de regresar a un estado equilibrado, aún durante la acción.

Lo anterior es invaluable, sin embargo, desde mi experiencia enseñando a artistas, lo más valioso es mostrar a los estudiantes cómo los patrones de pensamiento habituales se pueden modificar en aras de un estudio e interpretación más sana y más plena. Para este fin el principio de inhibición desarrollado por Alexander resulta invaluable. Sin embrago no sólo se trata de inhibición en relación a las reacciones físicas de tocar o cantar, sino de una aplicación más profunda de dicho principio tan importante que da sustento a esta enseñanza. Para aplicarlo a la preparación de la partitura, el músico debe primero aprender a detenerse antes de precipitarse a tocar, entonces puede examinar la manera en la cual responde al texto musical mental, emocional y físicamente. Entonces, como he dicho en otras ocasiones, la persona puede retomar su capacidad de elección y, así organizar el texto musical en partes claras y manejables (medios por los cuales se llega al fin) para modificar la reacción automática a ciertos pasajes u obras. Un nuevo entendimiento del contenido de la partitura llevará al músico a emplear medios de ejecución seleccionados de una manera más consciente. Esto genera confianza y tranquilidad: . Cuando el artista está relajado su atención está más libre y alerta para percibirse a sí mismo, a su entorno, al desempaño de sus compañeros y a los mensajes de su imaginación.

La inhibición también es una herramienta invaluable en la preparación mental y emocional ante las demandas de la ejecución y de presentarse en un escenario, lo cual es, en mi experiencia, inexistente en la educación en general y en la formación de los músicos. Se puede transformar el tan inculcado deseo de llegar al fin que, en muchos casos, se manifiesta en un nerviosismo incapacitante por el deseo de comunicación y de conexión a través de la música.

De esta forma, si la (el) ejecutante se siente a gusto consigo y con su interpretación y la disfruta, el público también lo disfrutará más y todos estaremos más contentos.