Técnica Alexander y la Música
A Nelly Ben-Or,
mi primera maestra, mi principal guía en el trabajo con músicos y artistas
escénicos, quien sigue siendo una gran inspiración como ejemplo de vida y como
profesora de la Técnica Alexander.
Estudié
música algunos años, dejé de hacerlo, primero por problemas de exceso de
tensión; la retomé un tiempo hasta que conocí la Técnica Alexander y decidí que
ese era mi camino, además, soy más útil a la música como profesora de esta
técnica que como músico. Sin embargo, mi amor por la música sigue presente y,
por esto, agradezco a la vida que durante toda mi vida profesional he trabajado
muchísimo con músicos y otros artistas escénicos. Este artículo está escrito
refiriéndome a los músicos por facilidad en la escritura y en la lectura, pero,
con algunas modificaciones, aplica casi de la misma forma para todas las artes.
El
primer encuentro con la Técnica Alexander lleva a los músicos a experimentar
una revelación inesperada en la sensación de facilidad al tocar o cantar, de la
cual no se había tenido experiencia previamente. El aprendizaje y práctica de
los principios de esta técnica, al inicio, sobre todo, la reorganización de la
relación cuello-cabeza-espalda (control primario), puede producir un
cambio en el patrón de respuesta habitual del alumno, eliminando así una
cantidad considerable de esfuerzo y tensión innecesarios. Obviamente, ello
mejora la coordinación y las habilidades de ejecución del músico. Muchos de los
síntomas de incomodidad física que se padecen al practicar se reducen
considerablemente y con lecciones constantes pueden desaparecer por completo.
Estos son los beneficios más reconocidos que los músicos obtienen de las
lecciones de técnica Alexander.
Desafortunadamente,
el alivio físico se considera a menudo como el principal beneficio que el
ejecutante obtiene de la Técnica Alexander. Al mismo tiempo, el hecho de que
detrás de dicho alivio hay un proceso mental consciente se ignora o si acaso,
apenas se reconoce vagamente. Cuando así sucede, la concepción de la técnica
permanece limitada a la idea de que se produce un mejoramiento en la postura
física, siendo esta la razón por la cual la Técnica Alexander se ha vuelto tan
popular.
El
aplicar los principios de la Técnica Alexander propicia un entendimiento de la
naturaleza de la acción; de las partes específicas del cuerpo necesarias para
llevarla a cabo, de la intensidad adecuada y de la manera de regresar a un
estado equilibrado, aún durante la acción.
Lo
anterior es invaluable, sin embargo, desde mi experiencia enseñando a artistas,
lo más valioso es mostrar a los estudiantes cómo los patrones de pensamiento
habituales se pueden modificar en aras de un estudio e interpretación más sana
y más plena. Para este fin el principio de inhibición desarrollado por
Alexander resulta invaluable. Sin embrago no sólo se trata de inhibición en
relación a las reacciones físicas de tocar o cantar, sino de una aplicación más
profunda de dicho principio tan importante que da sustento a esta enseñanza.
Para aplicarlo a la preparación de la partitura, el músico debe primero
aprender a detenerse antes de precipitarse a tocar, entonces puede examinar la
manera en la cual responde al texto musical mental, emocional y físicamente. Entonces,
como he dicho en otras ocasiones, la persona puede retomar su capacidad de
elección y, así organizar el texto musical en partes claras y manejables (medios
por los cuales se llega al fin) para modificar la reacción automática a
ciertos pasajes u obras. Un nuevo entendimiento del contenido de la partitura llevará
al músico a emplear medios de ejecución seleccionados de una manera más
consciente. Esto genera confianza y tranquilidad: . Cuando el artista está
relajado su atención está más libre y alerta para percibirse a sí mismo, a su
entorno, al desempaño de sus compañeros y a los mensajes de su imaginación.
La
inhibición también es una herramienta invaluable en la preparación
mental y emocional ante las demandas de la ejecución y de presentarse en un
escenario, lo cual es, en mi experiencia, inexistente en la educación en
general y en la formación de los músicos. Se puede transformar el tan inculcado
deseo de llegar al fin que, en muchos casos, se manifiesta en un
nerviosismo incapacitante por el deseo de comunicación y de conexión a través
de la música.
De
esta forma, si la (el) ejecutante se siente a gusto consigo y con su
interpretación y la disfruta, el público también lo disfrutará más y todos
estaremos más contentos.